El Blog de Julio

Váyase al diálogo

In Filosofía, Política on Noviembre 20, 2009 at 12:42 pm

Entre las muchas cosas que se han vuelto un lugar común en el discurso pacifista, tanto de izquierdas como de derechas, de conservadores o liberales, está la infalibilidad del diálogo. Los problemas se resuelven dialogando.
¿Y?
Cuando no se resuelven (el mundo está sobre-poblado de problemas sin resolver), le atribuimos la falla a la incapacidad de los interlocutores para dialogar racionalmente.
¿Será?
Me encontré con un texto de Vattimo en el que desacraliza al diálogo como cura universal. Dice el filósofo italiano:

En italiano tenemos la expresión “que se vaya al diablo, que se vaya al infierno”, pero yo generalmente en las discusiones la transformo a “váyase al diálogo”, es como “piérdete” porque el diálogo no significa más nada sino una conservación de la situación existente, como una máscara del tipo democrática.

Sobre las calificaciones

In Familia, Personajes on Noviembre 12, 2009 at 4:11 pm

Seb

Ayer tuvimos una junta en la escuela de nuestros hijos. Íbamos secretamente aterrados: entre otros, el objetivo era conocer las calificaciones del mayor, quien ya cursa primaria y es exigido con rigor.
La maestra nos recibió con mucha amabilidad, sonriente, muy segura de sí misma. Sospecho que notó que mi chiquilla y yo vacilábamos entre saludarla o despedirnos de ella intempestivamente.
Tomamos asiento. Las sillas que ocupamos son las de los peques. La incomodidad era doble: mental y física. En tales circunstancias, es imposible no estar a la defensiva.
Luego de un intercambio de saludos, edulcorados con el carisma de mi chiquilla y el insobornable optimismo de la maestra, pasamos de sopetón a El Tema. Con valentía, la maestra nos dijo: “pues he de confesarles que el chaparro sacó un promedio mejor del que yo esperaba”.
Zaz. Cuando a la noticia la anteceden esponjosos ardides como ése, como diciendo “en realidad no todo está perdido”, la mente, que todo el tiempo quiere adelantarle a la película para conocer el final, te hace imaginar que la catástrofe es inminente.
Noté que entre la palma de la mano de mi chiquilla y la mía corría un caudaloso río, con cocodrilos, hipopótamos y rápidos violentos.
Jamás me gustó ninguna escuela ni estudiar, sentencié en silencio.
“El promedio que obtuvo después de estos exámenes es de” (y dijo la cifra, que me reservo porque soy muy reservado).
La chiquilla y yo nos quedamos boquiabiertos. Luego a ella se le asomaron algunas desahogadas lágrimas.
La vida es una galáctica sorpresa feliz dosificada con sabia arbitrariedad.
La maestra, que parecía haber preparado fríamente la escena, le ofreció un pañuelo desechable.
Mocos. Jadeos.
“Por favor felicítenme al chaparro, se ve que hizo un gran esfuerzo”, añadió la maestra.
Salimos hinchados de un alegrísimo helio. Tartamudeamos cuando quisimos decir lo que pensábamos.
Hay que celebrar.

Sobre el éxito

In Cultura, Literatura on Noviembre 11, 2009 at 1:25 pm

fracaso

Me encontré entre los blogs que suelo leer con un breve texto sobre el “sesgo exitista”. Comparto algunas de las ideas que expone el autor, aunque me saben a discurso fallido.
Por ejemplo, no aclara que la crítica al culto por el éxito no se refiere a cualquier tipo de éxito, sino específicamente al que modelan los libros de negocios (por su volumen y por ser, creo, los que son escritos con la abierta intención de lucrar con la fantasía de muchos de encontrar el santo grial del éxito, el consejo irrebatible del gurú indemne, la fórmula secreta, los cinco o veintitrés pasos que lo garantizan, etcétera).
Es por lo menos sospechoso que se hable tanto de éxito (de ser cierto lo que afirma el autor): da la impresión de que la doctrina del éxito se basa en la certeza de que la insatisfacción profesional es más o menos generalizada. Siempre habrá un lector ávido de remedios para su descontento.
Lo fallido de esta protesta consiste, a mi ver, en que no señala lo que verdaderamente ocurre con esta doctrina: lejos de negar las virtudes de la derrota, que las podría tener, impone una visión unívoca (darwinista, le llama) del éxito.
No se trata de cantarle a la derrota o de ser mediocres pero felices y honrados, sino de cuestionar el modelo de éxito que decreta la fábrica de ilusiones (los libros de negocios). ¿Quién dijo que el éxito es eso y no otra cosa? ¿Por qué no preguntamos por qué?
En cierto modo, el concepto de fracaso que defiende el autor podría pasar por éxito. Sigue, entonces, pensando en términos binarios: ser exitoso o ser fracasado.
¿Por qué no aceptamos simplemente que somos quienes somos y como somos? Porque, dirán, a esta vida se viene a “ser alguien”.